Dedicatorias Especiales

En este apartado queremos compartir aquellas dedicatorias especiales o contenidos destacables que nos hagáis llegar para compartirlos con los demás. Todas vuestras aportaciones serán bien recibidas. ¡¡¡Gracias!!!

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En esta ocasión tenemos un agradecimiento especial a Arturo, uno de nuestros participantes. Después de pasarlo muy bien en una de nuestras actividades nos ha hecho llegar una redacción que ha escrito sobre su experiencia para disfrutar de la Berrea que compartimos. Nos acompañó con su hermano Ernesto y su mamá Nieves. Estamos encantados de poder contar asiduamente con ellos en nuestras actividades. Y han tenido este precioso detalle con nosotros. Por supuesto, este detallazo y gran gesto lo compartimos con todos vosotros. Esperamos que os guste. Arturo, Ernesto y Nieves también desean compartirlo con los demás. ¡¡¡Muchas gracias Arturo!!! :-) ¡¡¡Nos ha encantado!!! Esta es su redacción:

La berrea de los ciervos
Por fin llegó el viernes, el día que más estaba esperando. Tenía muchas ganas de llegar y ver a Joaquín. Quería escuchar la berrea y estaba impaciente.
Cuando nos saludamos y todo, empezamos el viaje. Después paramos en una gasolinera para tomar algo y para que Joaquín nos explicara algo de los ciervos. Después continuamos el viaje y cuando nos estábamos acercando a ellos fuimos más lentos con el coche y pudimos ver ciervos y ciervas a nuestra izquierda. Había más ciervas que ciervos.
Cuando bajamos del coche empezamos un camino con alcornoques que no tenían corcho. Me llevé un trozo de corcho de recuerdo a mi casa. Teníamos que ir en silencio y atentos, era muy divertido. Nos adentramos en el bosque para ver ciervas/os. También vimos huellas de ciervos y muchas "cacas", que Joaquín cogió con la mano porque en realidad es hierba.
Joaquín hacía el bramido del ciervo y ellos le respondían. Cuando se hizo de noche seguíamos caminando y la berrea se oía aún mejor. Cenamos sentados en unas piedras que había por allí en plena oscuridad, muy callados para que los ciervos no se fueran. Me di cuenta de que mis patatas hacían mucho ruido, tanto la bolsa como las patatas.
Encendí mi frontal porque yo no veía nada y empezamos el camino de vuelta. Al volver nos acercamos a una zona donde los ciervos están acostumbrados a la luces y a las personas. Cuando llegamos al coche nos despedimos de la gente y nos fuimos para casa. Me lo pasé genial. Arturo. Septiembre 2012.